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Opinión | La importancia de la profesionalización de las empresas familiares para su sustentabilidad

Janet Awad, Directora de Empresas.

Cuando se habla de empresas familiares se tiende asociarlas con PYMES y emprendimientos, lo cual no es del todo correcto. Es importante recordar que también hay empresas que son definidas como familiares, y que tienen un tamaño relevante e incluso han incursionado con éxito en la internacionalización de sus negocios.

Con todo, hay un punto en común que comparten las empresas familiares, y es que la toma de decisiones es influenciada por una o más familias que controlan la propiedad de la empresa, y el crecimiento sustentable en el largo plazo queda en manos de sus sucesiones, que no siempre son capaces de preservar lo que se conoce como “la mentalidad del fundador”. Esto es trascender a través de un liderazgo cercano y motivador, que, con audacia, aprovecha las nuevas oportunidades, y que considera que la dedicación y el compromiso son directamente proporcionales al buen desempeño.

Por otro lado, las empresas familiares se caracterizan por su resiliencia, es decir su capacidad para adaptarse a los cambios de su entorno y superar los obstáculos reinventándose e innovando cada vez que sea necesario.

La decisión de una empresa familiar de transitar hacia una mayor profesionalización debiera anticiparse a ciclos de fuerte crecimiento, donde se pierde agilidad y, muchas veces, control. En este sentido, hay un punto de no retorno que tiene que ver con la decisión de separar aguas entre el gobierno familiar y el gobierno corporativo. Este es el primer gran paso hacia su profesionalización.

La instalación de un gobierno familiar formal a través de sus distintos órganos (consejo de familia, asamblea familiar) no sólo facilita el entendimiento, las conversaciones y toma de decisiones entre los miembros de la familia, sino que también contribuye a una mejor coordinación con el gobierno corporativo, construyendo así una relación de confianza en el tiempo.

El gobierno corporativo establece un marco de normas y principios relativo a la estructura y procesos requeridos para dirigir una empresa, contribuyendo así a alinear su propósito, su estrategia y sus valores para alcanzar con éxito los objetivos de negocio a lo largo del tiempo.

De los órganos de gobierno corporativo, –accionistas, alta administración y directorio–, este último cobra especial relevancia en el proceso de profesionalización de las empresas familiares. Conformar un directorio diverso, con habilidades que se complementen, con miembros independientes, familiares y accionistas es un desafío que toma tiempo y es una tarea que muchas veces requiere de acompañamiento externo.

En la medida que las empresas familiares avanzan hacia un gobierno más eficiente, el proceso de toma de decisiones también se profesionaliza incorporando elementos para una mejor gestión de riesgos, así como también un mayor foco en la medición de impacto de las acciones que emprenden (criterios ESG) otorgando mayor transparencia a las partes interesadas.

Para una empresa familiar, ­–y cualquier tipo de organización– la sustentabilidad y la creación de valor compartido en el ámbito económico, social y medio ambiental, van de la mano y no se logra sólo con el hecho de contar con buen gobierno corporativo. Es clave para esta ecuación regirse por un propósito inspirador que movilice, y contar con los talentos que hagan posible que la estrategia se materialice en acciones y no quede en meras declaraciones.

Janet Awad

Directora de Empresas