Con 30 años de experiencia en directorios del sector minero, el expresidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), Alberto Salas, enfrenta nuevos desafíos. Actualmente es director de la Sociedad Nacional de Minería (SONAMI) y forma parte del Comité Ejecutivo de Negocios de la OCDE. Desde esa posición, analiza la situación de los directorios en Chile y sus principales retos.
El empresario señala que, en los últimos años, los directorios en Chile han experimentado un cambio significativo, impactando no solo la agenda, sino también la manera en que se estructuran los gobiernos corporativos.
En ese sentido, Salas destaca el impacto positivo de la diversidad en los directorios, pero también subraya la importancia de que los directores se involucren en el desarrollo productivo de las empresas y comprendan su funcionamiento interno.
—¿Qué cambios identifica en los directorios desde sus primeros puestos como director hasta ahora?
—En Chile antiguamente los directores eran elegidos como un premio, casi como un rol social. En empresas privadas, por ejemplo, se seleccionaba a familiares y amigos, que podían tener un buen nivel académico, pero el proceso era más informal. Esta realidad era muy distinta a la que yo veía en directorios en los que participaba en Canadá o en Estados Unidos, donde ya existía un sello distinto.
Además, el rol del director era menor. No se cuestionaban las cifras ni los desempeños empresariales, algo que hoy es fundamental. Actualmente Chile ha avanzado en comprender que los gobiernos corporativos son clave para el desarrollo de las empresas.
—En ese contexto, ¿qué avances considera más relevantes?
—La diversidad en los directorios yo creo que ha sido un aporte significativo. Yo estuve en muchos directorios donde éramos todos iguales, misma universidad, misma formación, mismo rubro. No había ninguna diferencia en nuestra percepción, así que llegábamos a una conclusión y pensábamos que era la correcta, no había ninguna mirada externa que nos cuestionara. Hoy hay menos espacio para eso.
—¿Cuáles son los desafíos para los directorios en 2025?
—Para mí, hay tres desafíos principales. Primero, contar con un buen gobierno corporativo. Es fundamental revisar el plan estratégico de la empresa y evaluar si los directores y la administración son los adecuados para llevarlo a cabo.
En segundo lugar, el tema medioambiental. Cualquier proyecto debe ser evaluado en función de su impacto en el entorno. Si es positivo, hay que demostrarlo; si es negativo, debe mitigarse, compensarse o derechamente no se puede hacer.
El tercer punto es el compliance. La integridad de las empresas y sus directores es fundamental. Creemos en la libre competencia, pero este modelo también implica riesgos de malas prácticas, y es clave evitarlas para fortalecer la inversión privada.
—De cara a las juntas de accionistas que se realizan en abril, ¿qué aspectos deben considerarse en el caso de nombramiento de nuevos directores?
—Los responsables de estas decisiones deben estar comprometidos con agregar valor a la empresa. Es clave que conozcan el core business, entiendan el negocio y busquen perfiles diversos que aporten al directorio.
Un director tiene la obligación de conocer en profundidad el proceso productivo de la empresa en la que participa. Debe saber cuáles son sus fortalezas y debilidades, comprender los desafíos y conocer el mercado, tanto a nivel nacional como internacional. Estos elementos son esenciales para la toma de decisiones.
—El último informe de Equidad Empresarial y Buen Gobierno Corporativo del Instituto de Directores de Chile indicó que solo el 53,9% de las empresas menciona visitas a terreno en sus reportes anuales. ¿Qué tan relevante es este punto?
—Para mí, es fundamental. Yo vengo del terreno. Empecé en la pequeña minería, y a los 35 años me compré mi primera corbata. Antes de eso, mi vida era en terreno. La realidad de una empresa no está en una oficina central, sino en la operación diaria, en la faena produciendo a cuatro mil metros de altura.
Un director debe conocer el ambiente en el que están los trabajadores. No se puede dirigir desde una sala de directorio sin entender cómo funciona la empresa en terreno. Si una empresa es de servicios marítimos en el sur, el director debe ir a navegar. Si es minera, debe visitar la faena y palpar el ambiente, tiene que darse cuenta de que a cuatro mil metros cuesta respirar. No se trata de interferir en la gestión operativa, el rol del director no es ejecutivo, pero sí se trata de aprender y entender los desafíos para tomar mejores decisiones.
—Pensando en la renovación de directorios, ¿cómo ha evolucionado la agenda de estos en los últimos años?
—Los temas han cambiado mucho. Hace tres años, la ciberseguridad no era una prioridad, pero hoy es el primer punto en la agenda y seguirá siéndolo. Otros temas en ascenso son el cambio climático y el desarrollo tecnológico, especialmente con la irrupción de la inteligencia artificial.
En este escenario, es clave que los directores estén actualizados y realicen autoevaluaciones. Siempre hay resistencia a estos procesos, pero son una herramienta valiosa para mejorar la gestión y la toma de decisiones en los directorios.
—Por último, pensando en el crecimiento económico del país y en el rol de la minería, ¿cuál cree que es el principal desafío para 2025?
—El desafío es grande porque la demanda sigue creciendo, quizá a un ritmo menor, pero sigue en aumento, y no hemos ampliado la capacidad productiva de cobre. En litio sí, pero en cobre no. El problema está en la regulación: los permisos para distintos proyectos no están coordinados. Hay muchas instituciones involucradas que no trabajan de manera armónica, eso alarga los plazos sin considerar la relevancia de la inversión para el país.
No es lo mismo iniciar un proyecto hoy que en cinco años y eso se debe considerar. No podemos esperar 90 días para recibir una respuesta y que, por un detalle menor, se rechace, demuestra que no se entiende la importancia de la inversión. Inversión es crecimiento. Necesitamos inversión.