Chile destina a investigación y desarrollo una proporción significativamente menor que el promedio OCDE, y la brecha más crítica no está en el presupuesto público: está en el sector privado. Mientras en los países más innovadores de la OCDE cerca del 74% de la inversión en I+D proviene de empresas, en Chile ese porcentaje no supera el 35-40%, dejando al Estado como principal motor de la innovación en circunstancias en que debería ser un rol compartido y liderado por el sector empresarial.
¿Por qué las empresas chilenas invierten tan poco en I+D? ¿Qué barreras estructurales, culturales e institucionales lo explican? ¿Y qué pueden hacer concretamente las compañías y sus directorios para revertir esta tendencia?

